lunes, 20 de septiembre de 2010

Mensaje de la escritora:

Hey! Tengo un nuevo fic y comencé a subirlo a esta page: http://betweendreamsandreal.tumblr.com/ también es de Tokio Hotel :3 en el recuadro de la derecha hay un link en donde pueden realizar comentarios o preguntas (http://betweendreamsandreal.tumblr.com/ask)
   Eso no significa que dejaré este fic, así que sigan al pendiente de los próximos capítulos y comenten qué les gustaría que ocurriera y quién prefieren para Helena: ¿Bill o Tom?
Bueno, eso es todo, gracias por leer esto :D
Bye!

domingo, 12 de septiembre de 2010

Capítulo 10: "La decisión"

-¡Bill! ¡Helena!-dijo Tom, con una sonrisa radiante...demasiado radiante, en cuanto llegamos a mi habitación de hotel.


-¡Te escapaste, Lena!-rió Klaus, levantándose del sofá donde se hallaba sentado con Tom para acercarse a Helena.

-Sí, eso creo...¿dónde está Anna?

-Ella y Franz se excusaron hace un par de horas-explicó Tom.

-Y pensar que sólo estaríamos de paso-rió Klaus. Creo que estaba ebrio...-¡todavía me debes una salida de BFF´s!

-La tendremos, Klaus...bueno...debo irme-se excusó Helena.

-Te acompañaré-me ofrecí.

-No importa, Bill, puedo acompañarla-me detuvo Klaus, que no paraba de reír.

-Iremos los tres, ¿les parece? Además, Klaus, tú te quedarás en la próxima cuadra, en la parada de autobús.

-¿Autobús? Preciosa, lo siento, pero dormiré en tu cama esta noche.

-¿Cómo dices?-preguntamos Helena y yo a la vez.

-¡Depravados sexuales!-rió Klaus...bueno, más bien se partió de la risa- Me quedaré en tu casa, porque el último autobús pasó hace mucho tiempo.

-Bien, creo que podré acomodarte el sofá, pero de ningún modo dormirás en mi cama-dijo Helena, riendo.

-Adiós, Lena-se despidió Tom, con parquedad. Aún con su desabrido gesto, se le veía contento en cuanto encendió su cigarrillo y le dio un par de caladas.

-Vamos-le susurré a Helena, al notar que Tom quería privacidad...probablemente para pensar en ella, por lo que era muy conveniente que saliéramos de allí.

-¿Qué tal ha estado?-se preguntaron Helena y Klaus a la vez. Enseguida, rieron-¡pregunté primero! ¡No es justo! ¡Para!

Siguieron coreando frases hasta que pasamos la parada de autobús, que se hallaba desierta a esa hora.

-Ya, basta, Hely...en serio, ¿cómo estuvo?-culminó Klaus, adelantándose a lo que sea que Helena iba a decir y yo no pude escuchar.

-¡Klaus!-se quejó Helena, con un gesto que mezclaba risa, bochorno y complicidad y resaltaba la luminosidad de sus ojos bajo los postes eléctricos de la ciudad capital alemana.

-Espera a que me vaya y lo soltará todo-reí.

-Es cierto, me lo contarás cuando me prepares tu cama.

-Que no, Klaus-insistió Helena, golpeándolo suavemente en el brazo-dormirás en el sofá.

-Pero quiero estar cerca, Hely...

Ya, si no me había sentido lo suficientemente inseguro por el hecho de que fuesen amigos demasiado cercanos a mi parecer, ése comentario "inocente" de Klaus pareció convencer a Helena, quien accedió a colocar una esterilla al lado de su cama para hacer una fiesta de pijamas en cuanto llegaran.

-Y palomitas, y malvaviscos, y chocolatinas, y Nerds Wonka, y Gopstoppers...

-Creo que tengo todo en casa, pero luego no te pagaré el dentista.

-Trato, yo te lo pagaré a tí.

Continuaron riendo y haciendo bromas hasta que llegamos al edificio donde vivían Anna y Helena.

-Los dejaré despedirse-rió Klaus, arrebatándole suavemente el llavero de guitarra eléctrica de cristal de colores que Helena tenía en sus manos.

Entró al edificio y desapareció de nuestra vista de inmediato.

-¿Qué harás mañana?-me preguntó Helena.

¿No era el chico normalmente el que planeaba la segunda cita? Pues el hecho de que ella tomara la iniciativa al ver que sus sentimientos estaban a salvo conmigo, me excitaba.

-Estoy ocupado durante la mañana, pero estoy libre a las cuatro...

-Y justo estaré libre a las cuatro, luego de hacer algo de la Universidad.

-¿Aún estás en la Universidad?

-Es mi primer año, Bill.

-Ah, claro...

De nuevo, había olvidado nuestra "pequeña" diferencia de edades, lo que sólo representaba otra diferencia entre nuestros mundos...y un posible separador para un posible noviazgo.

-Entonces, ¿nos vemos a las cuatro?-agregué, notando que por su mente pasaban las mismas deprimidas cavilaciones que se habían instalado en la mía y no se irían por un largo tiempo.

-Claro...¿qué haremos?

-¿Qué tal si vamos a un parque de diversiones?

Sus ojos brillaron ante la perspectiva de obtener adrenalina y a la vez tenerme a su lado.

-¡Eso será genial!

En ese instante, la puerta del edificio volvió a abrirse. Bajo las luces de la entrada, divisé el rostro de Klaus, sin maquillaje, con el cabello despeinado y un sweater y un short demasiado pequeños para ser suyos. Al notar que mi miraba se detenía en su atuendo, explicó:

-Hely, tomé algunas cosas de entre tus pijamas...

-No importa, Klaus, usa lo que quieras.

-¿Puedo ponerme una...?

-Ni lo pienses-dictó mi chica, levantando el dedo anular de forma amenazadora.

-Ya lo hice, Hely linda-rió Klaus-bien, tienen exactamente dos minutos. Así tendremos tiempo de subir al departamento, lo que nos tardará al menos un minuto si usamos las escaleras con tu método para no engordar y llegaremos para sacar las palomitas del microondas en el momento justo.

Klaus desapareció tan rápido como había aparecido.

Contuve la risa, imaginando la razón por la cual mi hermano me había llamado desde el cuarto de baño de mi habitación de hotel. ¡Lo habíamos dejado a solas con un chico gay!

Helena, para no prolongar más una despedida que ninguno de los dos quería efectuar, se acercó a mí y me besó en ambas mejillas. La atraje hacia mí y la abracé con fuerza.

-Te llamaré-le susurré al oído, luego de separarnos con dificultad.

-Esperaré, pero si no lo haces llamaré yo. No creas que podrás escapar de mí, Bill...más te vale que se lo adviertas a todas tus admiradoras.

¿Admiradoras? ¿Había escuchado bien? ¿Cómo sabía ella de mis admiradoras, mis fans? ¿Acaso...? ¿Acaso Tom había contado más de lo que debía? Pero mi hermano gemelo no sería capaz de traicionarme...

-No te pongas así, ¿lo que dije es cierto? ¿Tienes admiradoras de veras?-preguntó Helena, escrutando mi rostro y frunciendo el ceño.

-No...no, claro que no...pero...¿sabes...? Mejor será que subas, Klaus...ya sabes, él...

-Sí, me espera.

Se dio la vuelta y empujó la puerta de entrada, que Klaus había dejado convenientemente abierta con la esperanza de que su mejor amiga irrumpiera pronto en el inmueble.

Cuando también yo me había volteado para caminar las dos cuadras que me esperaban en soledad, escuché sus susurros, seguidos por un sollozo:

-No lo arruines, Bill. Por favor...no lo arruines.

Volví a voltearme. ¿Acaso tenía tanto miedo como yo de que nuestra relación fuera netamente imposible?

Pero no pude preguntárselo, ella ya se había marchado.

Comencé a caminar de vuelta al hotel.

Esto no funcionaría.

Debía decirle la verdad, y lo mejor sería hacerlo temprano.

Volví sobre mis pasos, y toqué el timbre de la habitación que Anna y Helena me habían indicado en el papel, junto con sus números telefónicos.

Era ahora o nunca.