domingo, 29 de agosto de 2010

Capítulo 9: Estúpido tatuaje.

-Relájate, Bill, no tienes que actuar como Tom-le susurré a Bill, riendo.

Él rió también, y al fin se relajó.

Después de la película, regresamos al estacionamiento. Esta vez, Bill encendió la radio. De inmediato, comenzó a sonar una canción conocida para mí.

-And there´s a voice, calling me on...she´s the one-cantamos al unísono.

Bill se acercó a mí lentamente, mientras la voz de Robbie Williams repetía "She´s the one".

-Bill...detente...

Se detuvo. No creí que lo haría, pero por suerte, no era como los otros chicos que yo conocía.

Quería besarlo. ¡Por todos los cielos, tenía tantas ganas de besarlo!

Pero, si lo hacía, de alguna forma su boca iría a parar a mi cuello y sus manos a mi cadera, y si aquello se prolongaba, levantaría con delicadeza mi camisa hasta sacarla y se detendría a contemplarme, y allí...

Vería mi tatuaje.

Ése estúpido tatuaje.

 Nunca había odiado nada que yo misma hubiera hecho, pero ahora me planteaba la idea del milagroso rayo láser para eliminar ese recuerdo del dolor que había marcado para siempre mi piel.

-¿Qué pasa? ¿No quieres...?

Sí quiero, más de lo crees, pero sería demasiado complicado explicarte ya mismo que soy una vedette, que te he ocultado algo desde que nos conocimos...

-Es sólo que...¿podríamos...? Creo que vamos demasiado rápido.

-¿A qué te refieres?

-Tú tienes 24, pero recuerda que yo aún tengo 17, Bill...

-¿Crees en eso de la diferencia de edad?-me preguntó, confundido.

-Nunca lo he hecho. Aunque tuvieras 30 y yo 15 saldría contigo, o si fueras menor que yo. Es sólo que...no quiero sexo en la primera cita, prefiría...

-Conocernos mejor, te entiendo. Pero...¿sabes? Siento como si te conociera desde siempre, es algo tan extraño...

Sí, mein liebe, yo siento lo mismo...

-Lo sé, es súper extraño, lo he sentido también.

Es increíble la forma en que mis sentimientos y los suyos caben en ésas miradas que compartimos.

Miradas que valen más que palabras.
Miradas que desechan verdades amargas.
Miradas que acogen sueños e ilusiones.
Miradas que encienden las más escondidas pasiones.

Miradas...nuestras miradas...





Helena quería parar. No estaba nada bien para mí, pero podía entenderlo.

-¿Regresamos a casa?

-Por favor...

¿Era necesario disculparme o algo así? ¿O acaso ella había sentido lo mismo que yo? Bueno, algunos sucesos del futuro me hicieron creer que yo había sido sólo una experiencia más para ella, y ni siquiera una que recordaría a la mañana siguiente; pero en ése momento, estaba enamorado. Completa y desquiciadamente enamorado de Helena. Y dolía saber que ambos vivíamos en mundos tan diferentes, yo bajo el foco y la atención de los medios y ella moviéndose en las sombras de la fama, luchando por ser alguien que no quería ser para lograr algo que sí le importaba. No sé exactamente quién de nosotros
tenía la vida más complicada, pero algo era seguro: todo lo que sucedía entre nosotros, aunque pareciera acercarnos, nos alejaba. Mi amor por ella era el único puente que lograría llevarme a su mundo, y el hecho de ser correspondido corroboraba que sería bien recibido allí...

Hasta el día en que le contara la verdad acerca de mí.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Capítulo 8: La rinoplastia de Tom.

-¡Deliraste!

-Calla, Tom.

-¡Deliraste! ¡Esto es genial, de veras! ¡Ya te volviste loco!

-Calla, Tom.

-¡Estás enamorado de Helena y ves su cara en todas partes!

-Calla, Tom.

-¿Ahora mismo ves su cara en la puerta? Porque desde que entré no me has mirado a los ojos. ¿O temes ver su cara sobre mi cuerpo?

Un cojín particularmente duro golpeó a mi hermano en el rostro. Lanzado con la fuerza de mi furia, le había dado de lleno en la nariz, dejándola enrojecida por completo.

-Si debo hacerme rinoplastia, te juro que haré que Georg me la pague-gruñó Tom, masajeándose la nariz y los pómulos.

Reí. ¡Era imposible para mí estar enojado con mi gemelo!

-Bien, puedes ir pidiéndole el dinero entonces, porque si vuelves a hacer esos comentarios...-mi hermano se acercó a la ventana de la sala y apartó las cortinas-Tom...Tom, escúchame...¿Tom me estás escuchando? No, creo que no me estás escuchando.

-Shhh, Bill. Son Anna y Helena.

Me levanté con rapidez y miré por la ventana. Efectivamente, allí estaban ellas...con dos chicos. Uno muy alto, corpulento y de largo cabello rubio iba tomado del brazo de Anna; y otro (que en definitiva no me agradaba) de cabello negro y un flequillo que ocupaba la mitad de su cara, caminaba muy cerca de Helena.

-¿Crees que salga con él?-le pregunté a Tom, sintiendo como la furia que me había bajado su chiste volvía a subir y se instalaba en mi pecho.

-Pues es obvio que Anna sí lo hace con el de cabello largo, pero Helena...oye, ¿qué tal si las llamamos? Mencionaste que tenías sus números, invítalas a subir.

-No creo que sea una buena idea...

Sin prestar atención a mis pensamientos y comentarios negativos acerca de sus ideas, mi hermano tomó mi móvil y le marcó a Helena. Me acerqué a la ventana de nuevo, y llegué justo a tiempo para ver cómo sonreía al leer mi nombre en la pantalla, contestaba aún con esa sonrisa, y levantaba las cejas de sorpresa en cuanto sonó la voz de Tom.

Al poco tiempo, desaparecieron de mi vista, y no pude saber si iban a entrar o seguirían su camino porque la visión de Helena me había dejado tan embelesado que apenas había escuchado un par de palabras pronunciadas por Tom.

-Se ve muy cómoda con ese chico.

-Bill, no seas...

Ding, dong.

-¿Qué? ¿Celoso?

-Exacto...oye...

-Ya sabes que soy así, Tom...

Ding, dong.

-Bill, están...

-No puedo creerlo, tú decías que...

-Bill...

-...pensé que ella...

-Bill...

Ding, dong.

-...es extraño.

-Bill, alguien...

-¡Y yo viendo su rostro en todas partes! No puedo creerlo, soy tan idiota...

-¡Bill!

-¿Qué?

-Alguien está tocando a la puerta.

Y, efectivamente, interrumpí mi monólogo de la desgracia al tiempo que corría hacia el lente de la puerta.

-Son ellas.

-¿Helena y Anna? ¿Vienen solas?

-No...están con ellos.

-¿Qué?

-Sí...¿abro?

-No, déjalas en el pasillo.

-¿Seguro, Tom?

-¡Era sarcasmo! Dios, ahora sí estás loco...

Si hubiera tenido un cojín al lado...pero, por desgracia, estaba lejos del sofá, así que me limité a abrir la puerta, saludar a las chicas e ignorar olímpicamente a los que creía eran sus novios.

-Bill, Tom, ellos son Franz y Klaus-presentó Helena-Franz es novio de Anna y Klaus es mi mejor amigo.

-¿Mejor amigo?-pregunté, sonriendo.

Supuse que mi sonrisa era macabra o psicópata, porque Helena gruñó, frunciendo el ceño:

-Sí, Bill, sólo somos amigos.

-¿Celos?-se burló Franz, pasándole un brazo por los hombros a Anna, que sonrió tiernamente.

-Puedes estar tranquilo, en serio...-dijo Klaus, sentándose en el sofá al lado de mi hermano-tú debes ser Tom.

-Ah, ¿Helena te ha hablado de mí?-preguntó mi gemelo, sonriendo con autosuficiencia al tiempo que me daba una rápida mirada.

-No. Nos presentó al entrar. Es un gusto-enfatizó la palabra-conocerte, Tom.

-Eh...bien...qué bien...

-¿Les gustaría beber algo, Helena?-pregunté, dirigiéndome premeditadamente al minibar.

-Sólo estamos de paso, Anna tenía la imperante necesidad de comunicarles que ella y Franz volvieron a ser novios-respondió Helena, siguiéndome.

Nos sentamos uno al lado del otro en el bar. Aunque Helena insistió, serví un par de vasos con té helado.

-¿Qué hiciste anoche?-me preguntó, antes de beber un sorbo de té.

Casi me atraganto con el mío. ¿Cómo supo...? No, espera, calma, Bill...ella no podía saberlo.

-Dormir...y...ya sabes...dormir, sólo...sólo eso-titubeé, apurando el resto de mi vaso de té.

-Es extraño. Ya sabes, tú hermano...a él...le gusta mucho salir con chicas y eso...y tú...¿estás solo? Éso es extraño.

-No soy como él. Aunque Tom tiene un gran corazón y lo amo...a veces trata a las chicas como juguetes desechables, yo no soy capaz de hacer eso-expliqué, sin apartar la mirada de sus ojos, en los que casi podía distinguir adoración...y el sentimiento era recíproco-creo en el amor verdadero a primera vista, y que sólo me enamoraré de verdad de una chica, no más de una.

-Eso es muy lindo, Bill-dijo Helena, sonriendo-pienso lo mismo.

-Oye...-miré a nuestros acompañantes. Klaus mantenía entretenido a Tom, y Anna y Franz se susurraban cosas al oído mirando por la ventana a una típica noche en la capital alemana-¿qué tal si huímos de aquí? Conozco un buen centro comercial al que podemos ir y...

-¿Será..silencioso y pacífico?

-Si es lo que quieres, sí.

-Entonces sí-rió Helena.

Tomamos nuestros sobretodos y bolsos del perchero al lado de la puerta y nos escabullimos con cuidado, aunque no era necesario: todos estaban tan ocupados en sus propias conversaciones que no nos prestaron atención.

-¿Quieres comer algo, o tomar algo, o ir a bailar o...? No sé, podemos hacer lo que quieras-sugerí, mientras nos dirigíamos al estacionamiento del hotel a buscar mi A7.

-Vamos al cine.

Me sorprendió su petición. ¡Había ideado una cita en sólo unos segundos! Pero, por motivos obvios, yo no me negaría.

Conduje hacia el cine mientras escuchábamos y cantábamos Innocence, de Stereophonics. Tardamos sólo un par de minutos en llegar al centro comercial más cercano.

-¿Qué película veremos?-pregunté, mientras observaba los carteles de los films antiguos.

-A room with view.

-Una película perfecta para citas-dije, con una sonrisa pícara. Ese tipo de films eran los preferidos por las parejas para besarse en la oscuridad del cine mientras los demás se concentraban en el drama.

-¿Quieres que ésto sea una cita?

-Creí que ésto era una cita.

-Me incomodaría estar en una cita con un chico que gusta de mi hermana-dijo Helena, mirando al piso.

La tomé de la barbilla para que me mirara a los ojos.

-¿De dónde sacas la satírica idea de que me gusta tu hermana?

-Pues...la elegiste a ella para la cita doble, y si te soy sincera...

-Creíste que irías a la cita doble conmigo.

Asintió con la cabeza, riendo.

-Yo también creí que iría contigo, pero al parecer tu hermana y mi hermano no creyeron lo mismo...

-Es extraño...quiero decir...Bill...¿quieres estar con mi hermana o quieres estar conmigo?

Le tomé las manos.

-Eres la única a quien quiero, Helena.

Me acerqué con lentitud a sus labios, y sentí sus manos calientes acariciar mi pecho aún sobre la gruesa ropa de invierno que llevaba. Quería besarla, tenía tantas ganas de besarla...pero...

Sonó mi celular.

-¿No contestarás?-preguntó Helena, dirigiendo su mirada hacia mi bolso, que no paraba de sonar y vibrar.

-Mmm...¿debo hacerlo?

-¿Qué tal si es algo importante?

-Bien, lo haré.

En ese instante, sonó el móvil de Helena. Ella lo tomó de inmediato y contestamos al mismo tiempo.

-¿Hola? Anna...no, no me perdí...volveré en...no se...-me hizo señas, preguntándome a qué hora volveríamos.

-¿Hallo? Tom...no estoy perdido, volveré en cuatro horas-le indiqué a Helena.

-Volveré en cuatro horas, Anna. Ve con Franz a donde quieras... Sí...¡pero que no toque mis cosas! Bien...Adiós, te quiero.

-Cuando vuelva haremos algo, Tom...espera...¿me estás llamando desde el baño? Lo supuse, por el eco...bueno...si, le diré a Helena...sí, Tom...okay...si...sí, padre y mentor Tom-reí, al igual que Helena-¿ya terminaste? Bien, adiós.

-Gemelos-dijimos Helena y yo a la vez, poniendo los ojos en blanco.

Hice la fila de las palomitas y Helena la de los boletos. Como la de la comida avanzó más rápido, me encontré con ella en cuanto alcanzó la taquilla.

-Ni lo pienses-advertí, en cuanto sacó su billetera.

-Vamos, Bill, tú compraste...suficiente comida para cuatro personas.

-Hoy no es un buen día para seguir tu dieta de modelo, Helena-me burlé, mientras pagaba los boletos.

Nos dirigimos hacia la sala correspondiente y nos sentamos en la última fila, la más lejana a la gran pantalla.

En cuanto las luces se apagaron y comenzó la película, recordé todo lo que Tom me había dicho y yo había fingido ignorar. Primero, si tenía esperanzas de que ocurriera cualquier tipo de contacto físico en ésa ocasión, debía rodear su cuello con mi brazo. Luego, si ella me correspondía, se recostaría en mi hombro. Si todo iba bien hasta ahora, podría girar su rostro y tornar a besarla...

Pero yo no me creía capaz de hacer todo eso.

Mi hermano, mi precioso hermano...no me había dado ni un sólo consejo sobre chicas que me sirviera.

A pesar de mi timidez y la de Helena, en el clímax del film, ella me tomó de la mano y se recostó sobre mi hombro. Rodeé su cuello con mi brazo derecho, sonriendo, y coloqué mi cabeza sobre la suya.

Era tan confortable sentir el contacto de su mano sobre la mía...

De nuevo, pensé en cómo haría para besarla, pero ella se me adelantó otra vez.

Giró su rostro hacia mí y se acercó a mi cuello, susurrando algo que yo esperaba fuera una declaración de amor.

martes, 17 de agosto de 2010

Capítulo 7: Phantasia.

Desperté muy temprano a la mañana siguiente. Extrañamente, Tom no había ido a despertarme con un balde de agua fría o algo por el estilo, sino que entró a mi habitación y se sentó en el gran sillón de la sala, mirando particularmente a la nada.

-Bill, ¿crees que...?

Lo miré. Tras varios segundos, prosiguió, hablando en voz muy baja:

-¿Crees que yo sea capaz de enamorarme?

-¿Tú no crees que seas capaz de enamorarte?

Negó con la cabeza, esbozando una sonrisa melancólica.

-Vamos, Tom, eso es absurdo-reí, mientras me sentaba a su lado en el sofá-cualquiera puede enamorarse. Además...¿no estabas enamorado de Helena?

-No lo sé, Bill...la mitad de las veces que me mira, creo que lo hace porque me parezco a tí. Ella planeaba que su cita fueras tú, ella iba a tomar tu mano justo cuando Anna se le adelantó. Ella es la indicada para tí, pero para mí...

-No quiso tener sexo contigo-advertí, esbozando una sonrisa de autosuficiencia.

-Ni siquiera se lo pedí.

-¿No tuviste el valor para hacerlo o qué?

-En mis ojos ella buscaba los tuyos, Bill...¿imaginas que se lo hubiera pedido y luego ella gritara tu nombre o algo así?

-Habría sido incómodo-concedí-hey, pero, ¿éso te hace pensar que no puedes enamorarte? ¿El hecho de que no le gustes a una chica?

-No lo entiendes...ella no es una chica, ella es "la" chica.

Lo miré, extrañado.

-¿No acabas de decirme que no era la indicada para tí?

-Sí, y es cierto, pero me decepcionó el hecho de que hasta le regalé un caro collar y no pude llevarla a la cama.

-Serás idiota, hermano...espera, ¿le regalaste un collar?

-Corrección, Bill: un caro collar. 24 kilates en la cadena de oro y un colgante de granate.

-¿Granate?

-Sí, granate...-se jactó Tom, riendo por lo bajo. Su estado sentimental había pasado de la depresión a la burla considerablemente y con una velocidad alarmante hasta para una persona con trastorno bipolar.

-¿¡Usaste mis ideas sobre joyas con Helena!?-me sobresalté.

-Sí...algo así. Tú no especificaste nada sobre que el collar debía ser comprado en Tiffani's, así que prácticamente mejoré lo que dijiste.

-¿Cómo te atreves a hacer algo así, Tom?

-Vamos, Bill, no hagas un drama. Fue un regalo cualquiera a una chica cualquiera. Debemos hacer un puente y superarlo. ¿Quieres venir a una fiesta después del ensayo? Phantasia incluída.

-¿Qué es eso?

-El mejor grupo de vedettes de todo el mundo. Lástima que no hagan giras, hasta podríamos llevarlas con nosotros...

-Ja, ja, qué risa, Tom...-un sonido me apartó de las predicciones que hacía acerca del ambiente de la fiesta-es tu móvil, ¿no contestarás?

Tom negó con la cabeza y salió de la habitación.

Por un instante, recordé esa vez en la que me había puesto a la tarea de fiscalizar las llamadas entrantes para Tom. Su agenda telefónica abarcaba la gran cantidad de 1558 personas, entre ellas "rubia guapa", "morena de fuego", "no contestar" y "desesperada". Una agenda bastante peculiar...

Al culminar el fatídico ensayo (en el cual Jumbie, mi avión escala a control remoto, se vio atrapado de nuevo en el techo y ésta vez no pude recuperarlo) me dejé guiar por mi hermano gemelo hacia un club de élite en Berlín. Era uno de ésos sitios para caballeros donde se debía vestir en esmoquin pero no era necesario tener tantos modales como cuando te encuentras con una chica. Los sitios que a Tom le gustaba frecuentar, y a los que me arrastraba en nuestras salidas de gemelos.

-Ven, nuestros lugares están por allá-me indicó Tom, señalando la sección más cercana al escenario, cordonada por una cinta en la que ponía "VIP".

-¿Compraste boletos o algo así?

-No, ¿cómo crees? Me los han regalado.

-¿Quién?

-¿Recuerdas a "desesperada", de mi agenda telefónica?-asentí. Había sido muy gracioso como para poder olvidarla-resulta que se mudó a Hamburgo. Yo no lo sabía, me enteré la noche pasada cuando la llamé y me lo contó.

-¿Y estabas tan desesperado como para llamarla?

-Era muy tarde y ninguna acudiría a encontrarme en una nueva dirección que bien podría ser falsa.

-No se confían de tí, ¿eh? Y sin embargo cada vez que te ven tienen sexo contigo.

-Así son las cosas, Bill. En fin, me acosté con ella anoche y luego le comenté que me gustaría venir a uno de éstos sitios. Le dije que no tenía dinero por ahora y que pensaba traerte para tu cumpleaños y me ha comprado los boletos al amanecer, ¿puedes creerlo? No bromeaba con lo de desesperada. ¡Creo que es bisexual! Cuando me recomendó este sitio, cito literalmente, dijo que era el lugar donde había encontrado un montón de chicas hermosas, y hasta me confesó que había entrado aquí a hurtadillas vestida como un hombre para volver a ver a las vedettes-rió Tom, sentándose en nuestros asientos privilegiados...y de seguro, envidiados por el resto de la concurrencia.

Al instante, aparecieron ocho chicas, todas usando ropa interior de pedrería, con faldas largas confeccionadas en tul o algún tejido parecido, pies descalzos y cinturones y tobilleras forrados en cascabeles. Los rostros se mantenían ocultos, pues cada una portaba un antifaz y el resto de la cara estaba cubierta por un trozo de tela hecho del mismo tejido que la falda.

-Mira, ahora debo advertirte, como estamos sentados aquí, debemos simpatizar con ellas-dijo Tom, que casi babeaba al ver como una chica rubia movía las caderas provocativamente al ritmo de la danza árabe-algo como "éstas que ardes esta noche" o...

-¿Puedo decir algo menos grotesco?

-Mientras no digas "dulzura", "corazón", "mi amor" o "honey" todo estará bien.

-¿Qué pasa si digo algo como eso?

-Se enojarán. Y aunque no te lo harán saber, la pagarás caro, porque no se te acercarán en el resto de la noche.

-Tienes mucha experiencia-reí-¿crees que...?

La pregunta murió en mis labios. Una preciosa morena se acercaba peligrosamente hacia mí, danzando con elegancia y misterio, diferente a las demás. Al llegar frente a mí, ejecutó un shimmy, al tiempo que una pelirroja se acercaba a mi hermano. En otras condiciones, habría girado mi cuello para ver la reacción de mi gemelo, pero la mirada de la chica me había cautivado. ¡Había algo tan familiar y a la vez exótico en ella!

Dirigí mi mirada hacia el resto de su cuerpo. En la parte izquierda de su cadera lucía el tatuaje de un ave. Era hermosa, un ave azul rey que parecía sonreír. Tenía las alas abiertas, de modo que lo que supuse eran llamas color carmín no lograban alcanzarlas. Aunque sólo pude ver la parte superior del tatuaje, adiviné que debajo refulgían más llamas, tal vez rodeando sus patas.

Devolví la mirada a su rostro. Ambos compartíamos una sonrisa de complicidad en los labios.

Paró de bailar. Todo se detuvo para mí. Me fijé en la parte del rostro que se trasparentaba debajo del velo y los orbes que relucían en los agujeros del antifaz.

¡Era Helena!

Como si me leyera la mente y supiera que pensaba en alguien más, la chica se alejó de mí y comenzó a coquetear con un hombre que a pesar de llevar esmoquin, al igual que Tom y yo, se veía como estudiante de secundaria, y sonreía embobado al ver a mi chica dándole la espalda al tiempo que movía ágilmente las caderas, haciendo tintinear los cascabeles...

Momento, ¿mi chica?

¡Pero si era una desconocida!

¿Podría ser que me enamoré...de una vedette?

jueves, 12 de agosto de 2010

Capítulo 6: La audición.

Habían tantas cosas que no podría explicarle a Bill...pero, las dos cosas que más me dolía ocultarle eran mi trabajo a medio tiempo y la situación de mi familia.


Tanto Anna como yo proveníamos de familias problemáticas. Anna nunca tuvo dinero suficiente para nada, y aunque yo no estaba tan mal, tampoco gozaba de mucho. Nos conocíamos desde siempre, porque su madre y mi padre eran buenos amigos, hasta que comenzaron una relación (cuando aún la de mi padre y mi madre no había acabado) y todo salió mal. Y como ellos se separaron, también nos separaron a Anna y a mí. Viví con mi madre un par de meses hasta que murió por intoxicación y me vi forzada a volver a vivir con mi padre. Fuimos a colegios diferentes: yo a un internado en Inglaterra y ella a una pública en España, pero cuando regresé al país nos encontramos de nuevo en la Universidad y volvimos a ser amigas de inmediato. Cuando acabó nuestro primer año en la universidad, nuestras vidas se complicaron aún más. Un día que hasta ese momento había sido cuaquiera, nos llegaron las noticias en medio de una clase de que mi padre había muerto y a su madre la enjuiciaban para ir a la cárcel por robo a mano armada.

Ése fue el primer día del resto de nuestras vidas. Con nuestros trabajos a medio tiempo habíamos ahorrado lo suficiente para salir del país y comenzar vidas completamente nuevas. Hicimos los trámites para continuar la universidad por correspondencia y compramos boletos de avión hacia el primer país que se nos ocurrió. Y al llegar a Alemania, compramos un viejo departamento de dos habitaciones.

Por la mañana, somos meseras en un restaurant japonés; por la tarde, estudiamos por correspondencia; y por la noche...

Somos vedettes.

Alrededor de las 6: 00 p. m, Anna y yo nos dirigimos a la sede en Berlín de una de las más reconocidas cadenas televisivas alemanas. Me había inscrito en un casting para una nueva novela que estrenarían el año próximo. Las grabaciones comenzarían en cuatro meses, pues aún debían encontrar al resto del elenco y perfeccionar las locaciones.

-Buena suerte-me deseó Anna, antes de unirse al público sentado detrás de las cámaras.

Sonreí, y a la señal del director, comencé a interpretar una escena del libreto.









-¡Dios! ¡Eso ha estado fenomenal!

-Calla, Anna, cuando hablas de ese modo me das mal fario.

-¿Pero de qué hablas? ¿Acaso quieres que deje pasar lo encantadora que has estado en la audición?

-Haría bien, al menos hasta que le contemos a Bill...

-Estará durmiendo, no creo que se despierte sólo por escucharnos.

-Y además es muy temprano para decir que ya tengo el estelar, creo que tienes razón, no debí...¡pero qué cosas digo! ¿Ya? ¿Lo ves? Me has dado mal fario. Espero que no se pase a la audición...

-¡Yo no he hecho nada!

-Me has contagiado tu mala vibra.

Al escuchar aquellas voces conocidas en el pasillo, me levanté de la cama y corrí a abrir la puerta.

-¡Bill!-gritaron ambas, al verme.

-¿Estábas dormido?-preguntó Anna. Noté que su mirada se fijaba en mi cabello y lamenté no haberme peinado antes.

-Eh...si...-musité tímidamente, dejándome caer en el sofá-¿qué las trae por aquí?

Helena me miró. En sus ojos refulgía el brillo del sol al amanecer mezclado con los misterios que escondía la luz de la luna llena.

-¡Lo he logrado, Bill! ¡Pasé a la segunda ronda del casting!

-¡Eso es genial!

La abracé e inmediatamente me dirigí al minibar.

-Hay que celebrar, ¿no les parece? ¿Qué te gustaría, Helena?

-Mmm...una copa de Crystal estaría bien.

Busqué entre las botellas hasta dar con una de etiqueta plateada. Anna tomó cuatro copas y las colocó en hilera frente a mí.

-Somos tres, Anna-le dijo Helena, riendo.

-Lo que sucede es que sé que Bill invitará a su maravilloso hermano a acompañarnos.

Ay, no...ahora...¿cómo les decía que...?

-Mi hermano...sí, mi hermano...eh...está...ocupado...ya saben, durmiendo-añadí, al ver que Helena adivinaba todo lo que yo no estaba diciendo-y...él...

-¿Vendrá?-preguntó Anna.

-No-dictó Helena, entrecerrando los ojos. En su mente, ya estaba ideando un plan que se llamaría "Las 400 formas de hacer sufrir a Tom Kaulitz"-pero Anna, no nos hace falta Tom-añadió un segundo después, cambiando su expresión vengativa por una de sincera felicidad-vamos, es mi día. Si Tom estuviera aquí seguro nos distraería. No quiero que venga.

-¡Pero qué dices, Lena!-se quejó la otra-si asegurabas que Tom mola.

-Sí, pero...ya sabes...-comenzó a explicar Helena, sin saber exactamente cómo rebatir el argumento de su gemela.

-No hay que agotar la novedad-culminé yo, entregándoles las copas con champaña y guardando la sobrante-por tí, Lena.

Brindé por ella, y Anna añadió.

-Por tu suerte, para que no digas que te doy mal fario. Y...para que encuentres a tu amor verdadero a primera vista.

Helena se ruborizó a más no poder, y al instante, yo también comencé a sentir un calor insoportable en la habitación. A Anna, en cambio, se la veía muy tranquila, bebiendo el licor de su copa a pequeños sorbos mientras repasaba con la mirada la decoración de la habitación.

-Oye, Bill, ¿has decorado tú o lo han hecho los del hotel?

No, realmente había decorado el staff, pero éso no podría decírselo a ellas.

-Han sido los del hotel-no me culpen por mentir, era lo más cercano a la realidad-pero los cds, dvds, libros y cosas por el estilo, son míos.

Helena se acercó a una vitrina que usaba como biblioteca. Examinó los títulos de cada uno lentamente. No esperaba satisfacer sus exigencias literarias. Es decir, según lo que me había contado Anna, ella era una escritora, y yo apenas había leído algunos pocos libros en toda mi vida, y la mayoría de ésos eran textos escolares obligatorios. Por eso, me sorprendí cuando dijo:

-Me gustan tus libros, Bill.

-No son tan buenos como los tuyos...

-¿Bromeas? No has leído mis libros.

-No necesito leerlos, seguro son maravillosos.

Anna, sentada en una butaca, casi se ahoga con la champaña.

-Pues...me halagas, pero...creo que al menos deberías leer uno antes de decir eso-dijo Helena, sonriendo.

Tenía una sonrisa preciosa...una de esas que podían hacer que el más frío día de invierno se convirtiera en cálida primavera.

-Oye, lo he estado pensando y...si eres escritora y eso te agrada...¿por qué has entrado a un casting de actuación?-pregunté, acabando el contenido de mi copa.

-Porque si alcanzo fama y dinero como actriz podré publicar mis libros. Si no tengo dinero no podré pagar las impresiones y si tengo fama antes de publicar hay más probabildad de que mis libros sean exitosos.

-Te explico, Bill: Lena lo planifica todo-se burló Anna.

-Así es mi hermano, no puede creer que algo se salga de sus planes-reí, poniendo los ojos en blanco.

-Es perfecto, porque yo soy lo opuesto a Lena, y tú eres lo opuesto a Tom-dijo Anna, con un tono de voz más adecuado para la presentación de una tesis que para una conversación informal a la medianoche-así que yo me equilibraría con Tom y tú te equilibrarías con Lena.

-¡Pero qué cosas dices!-rió Helena, sentándose al lado de su gemela-oye, Anna, es muy tarde, deberíamos volver a nuestro departamento.

-¡Casi lo olvido!-gritó Anna, y de inmediato comenzó a buscar en su minúsculo bolso.

Al parecer, lo que buscaba estaba en el fondo, porque tuvo que sacar todas sus pertenencias (incluyendo algún par de cosas muy vergonzosas) para dar con lo que buscaba. Wow, o Anna era una especie de Mary Poppins, o le habían hecho con encantamiento espaciador a ese bolso como en Harry Potter o...era cierto lo que nunca creí acerca de los bolsos minúsculos de hoy en día.

-Aquí tienes.

Tomé el trozo de papel que me extendía. En él, ponía una dirección y cuatro números telefónicos.

Miré a Helena, que captó de inmediato y comenzó a explicarme.

-La dirección es de nuestro departamento, a un par de cuadras de aquí. El primer número telefónico es mío, el segundo de Anna, el tercero es el de nuestro teléfono local en el departamento y el cuarto lo podrás usar sólo en caso de emergencia, es del lugar de reunión en el que nos encontramos todas las amigas a menudo.

-Amigas, como...¿una fraternidad?-pregunté.

-Somos más que una fraternidad-dijeron ambas a la vez. Y, como de costumbre, me estremecí-¿por qué haces eso?

-Es que...cuando...cuando lo hacen...ya saben...eso...eso de hablar ambas al mismo tiempo...es escalofriante.

-Tú también lo haces con Tom-de nuevo, hablaron a la vez-lo sentimos, es algo que no podemos evitar. Créenos, lo hemos intentado y...¿ya ves? No funciona.

Me uní a las risas de ambas, que se despidieron un par de minutos después.

Y, luego de guardar la botella casi acabada de Crystal, me dormí con una sonrisa en los labios.