jueves, 12 de agosto de 2010

Capítulo 6: La audición.

Habían tantas cosas que no podría explicarle a Bill...pero, las dos cosas que más me dolía ocultarle eran mi trabajo a medio tiempo y la situación de mi familia.


Tanto Anna como yo proveníamos de familias problemáticas. Anna nunca tuvo dinero suficiente para nada, y aunque yo no estaba tan mal, tampoco gozaba de mucho. Nos conocíamos desde siempre, porque su madre y mi padre eran buenos amigos, hasta que comenzaron una relación (cuando aún la de mi padre y mi madre no había acabado) y todo salió mal. Y como ellos se separaron, también nos separaron a Anna y a mí. Viví con mi madre un par de meses hasta que murió por intoxicación y me vi forzada a volver a vivir con mi padre. Fuimos a colegios diferentes: yo a un internado en Inglaterra y ella a una pública en España, pero cuando regresé al país nos encontramos de nuevo en la Universidad y volvimos a ser amigas de inmediato. Cuando acabó nuestro primer año en la universidad, nuestras vidas se complicaron aún más. Un día que hasta ese momento había sido cuaquiera, nos llegaron las noticias en medio de una clase de que mi padre había muerto y a su madre la enjuiciaban para ir a la cárcel por robo a mano armada.

Ése fue el primer día del resto de nuestras vidas. Con nuestros trabajos a medio tiempo habíamos ahorrado lo suficiente para salir del país y comenzar vidas completamente nuevas. Hicimos los trámites para continuar la universidad por correspondencia y compramos boletos de avión hacia el primer país que se nos ocurrió. Y al llegar a Alemania, compramos un viejo departamento de dos habitaciones.

Por la mañana, somos meseras en un restaurant japonés; por la tarde, estudiamos por correspondencia; y por la noche...

Somos vedettes.

Alrededor de las 6: 00 p. m, Anna y yo nos dirigimos a la sede en Berlín de una de las más reconocidas cadenas televisivas alemanas. Me había inscrito en un casting para una nueva novela que estrenarían el año próximo. Las grabaciones comenzarían en cuatro meses, pues aún debían encontrar al resto del elenco y perfeccionar las locaciones.

-Buena suerte-me deseó Anna, antes de unirse al público sentado detrás de las cámaras.

Sonreí, y a la señal del director, comencé a interpretar una escena del libreto.









-¡Dios! ¡Eso ha estado fenomenal!

-Calla, Anna, cuando hablas de ese modo me das mal fario.

-¿Pero de qué hablas? ¿Acaso quieres que deje pasar lo encantadora que has estado en la audición?

-Haría bien, al menos hasta que le contemos a Bill...

-Estará durmiendo, no creo que se despierte sólo por escucharnos.

-Y además es muy temprano para decir que ya tengo el estelar, creo que tienes razón, no debí...¡pero qué cosas digo! ¿Ya? ¿Lo ves? Me has dado mal fario. Espero que no se pase a la audición...

-¡Yo no he hecho nada!

-Me has contagiado tu mala vibra.

Al escuchar aquellas voces conocidas en el pasillo, me levanté de la cama y corrí a abrir la puerta.

-¡Bill!-gritaron ambas, al verme.

-¿Estábas dormido?-preguntó Anna. Noté que su mirada se fijaba en mi cabello y lamenté no haberme peinado antes.

-Eh...si...-musité tímidamente, dejándome caer en el sofá-¿qué las trae por aquí?

Helena me miró. En sus ojos refulgía el brillo del sol al amanecer mezclado con los misterios que escondía la luz de la luna llena.

-¡Lo he logrado, Bill! ¡Pasé a la segunda ronda del casting!

-¡Eso es genial!

La abracé e inmediatamente me dirigí al minibar.

-Hay que celebrar, ¿no les parece? ¿Qué te gustaría, Helena?

-Mmm...una copa de Crystal estaría bien.

Busqué entre las botellas hasta dar con una de etiqueta plateada. Anna tomó cuatro copas y las colocó en hilera frente a mí.

-Somos tres, Anna-le dijo Helena, riendo.

-Lo que sucede es que sé que Bill invitará a su maravilloso hermano a acompañarnos.

Ay, no...ahora...¿cómo les decía que...?

-Mi hermano...sí, mi hermano...eh...está...ocupado...ya saben, durmiendo-añadí, al ver que Helena adivinaba todo lo que yo no estaba diciendo-y...él...

-¿Vendrá?-preguntó Anna.

-No-dictó Helena, entrecerrando los ojos. En su mente, ya estaba ideando un plan que se llamaría "Las 400 formas de hacer sufrir a Tom Kaulitz"-pero Anna, no nos hace falta Tom-añadió un segundo después, cambiando su expresión vengativa por una de sincera felicidad-vamos, es mi día. Si Tom estuviera aquí seguro nos distraería. No quiero que venga.

-¡Pero qué dices, Lena!-se quejó la otra-si asegurabas que Tom mola.

-Sí, pero...ya sabes...-comenzó a explicar Helena, sin saber exactamente cómo rebatir el argumento de su gemela.

-No hay que agotar la novedad-culminé yo, entregándoles las copas con champaña y guardando la sobrante-por tí, Lena.

Brindé por ella, y Anna añadió.

-Por tu suerte, para que no digas que te doy mal fario. Y...para que encuentres a tu amor verdadero a primera vista.

Helena se ruborizó a más no poder, y al instante, yo también comencé a sentir un calor insoportable en la habitación. A Anna, en cambio, se la veía muy tranquila, bebiendo el licor de su copa a pequeños sorbos mientras repasaba con la mirada la decoración de la habitación.

-Oye, Bill, ¿has decorado tú o lo han hecho los del hotel?

No, realmente había decorado el staff, pero éso no podría decírselo a ellas.

-Han sido los del hotel-no me culpen por mentir, era lo más cercano a la realidad-pero los cds, dvds, libros y cosas por el estilo, son míos.

Helena se acercó a una vitrina que usaba como biblioteca. Examinó los títulos de cada uno lentamente. No esperaba satisfacer sus exigencias literarias. Es decir, según lo que me había contado Anna, ella era una escritora, y yo apenas había leído algunos pocos libros en toda mi vida, y la mayoría de ésos eran textos escolares obligatorios. Por eso, me sorprendí cuando dijo:

-Me gustan tus libros, Bill.

-No son tan buenos como los tuyos...

-¿Bromeas? No has leído mis libros.

-No necesito leerlos, seguro son maravillosos.

Anna, sentada en una butaca, casi se ahoga con la champaña.

-Pues...me halagas, pero...creo que al menos deberías leer uno antes de decir eso-dijo Helena, sonriendo.

Tenía una sonrisa preciosa...una de esas que podían hacer que el más frío día de invierno se convirtiera en cálida primavera.

-Oye, lo he estado pensando y...si eres escritora y eso te agrada...¿por qué has entrado a un casting de actuación?-pregunté, acabando el contenido de mi copa.

-Porque si alcanzo fama y dinero como actriz podré publicar mis libros. Si no tengo dinero no podré pagar las impresiones y si tengo fama antes de publicar hay más probabildad de que mis libros sean exitosos.

-Te explico, Bill: Lena lo planifica todo-se burló Anna.

-Así es mi hermano, no puede creer que algo se salga de sus planes-reí, poniendo los ojos en blanco.

-Es perfecto, porque yo soy lo opuesto a Lena, y tú eres lo opuesto a Tom-dijo Anna, con un tono de voz más adecuado para la presentación de una tesis que para una conversación informal a la medianoche-así que yo me equilibraría con Tom y tú te equilibrarías con Lena.

-¡Pero qué cosas dices!-rió Helena, sentándose al lado de su gemela-oye, Anna, es muy tarde, deberíamos volver a nuestro departamento.

-¡Casi lo olvido!-gritó Anna, y de inmediato comenzó a buscar en su minúsculo bolso.

Al parecer, lo que buscaba estaba en el fondo, porque tuvo que sacar todas sus pertenencias (incluyendo algún par de cosas muy vergonzosas) para dar con lo que buscaba. Wow, o Anna era una especie de Mary Poppins, o le habían hecho con encantamiento espaciador a ese bolso como en Harry Potter o...era cierto lo que nunca creí acerca de los bolsos minúsculos de hoy en día.

-Aquí tienes.

Tomé el trozo de papel que me extendía. En él, ponía una dirección y cuatro números telefónicos.

Miré a Helena, que captó de inmediato y comenzó a explicarme.

-La dirección es de nuestro departamento, a un par de cuadras de aquí. El primer número telefónico es mío, el segundo de Anna, el tercero es el de nuestro teléfono local en el departamento y el cuarto lo podrás usar sólo en caso de emergencia, es del lugar de reunión en el que nos encontramos todas las amigas a menudo.

-Amigas, como...¿una fraternidad?-pregunté.

-Somos más que una fraternidad-dijeron ambas a la vez. Y, como de costumbre, me estremecí-¿por qué haces eso?

-Es que...cuando...cuando lo hacen...ya saben...eso...eso de hablar ambas al mismo tiempo...es escalofriante.

-Tú también lo haces con Tom-de nuevo, hablaron a la vez-lo sentimos, es algo que no podemos evitar. Créenos, lo hemos intentado y...¿ya ves? No funciona.

Me uní a las risas de ambas, que se despidieron un par de minutos después.

Y, luego de guardar la botella casi acabada de Crystal, me dormí con una sonrisa en los labios.

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