Desperté muy temprano a la mañana siguiente. Extrañamente, Tom no había ido a despertarme con un balde de agua fría o algo por el estilo, sino que entró a mi habitación y se sentó en el gran sillón de la sala, mirando particularmente a la nada.
-Bill, ¿crees que...?
Lo miré. Tras varios segundos, prosiguió, hablando en voz muy baja:
-¿Crees que yo sea capaz de enamorarme?
-¿Tú no crees que seas capaz de enamorarte?
Negó con la cabeza, esbozando una sonrisa melancólica.
-Vamos, Tom, eso es absurdo-reí, mientras me sentaba a su lado en el sofá-cualquiera puede enamorarse. Además...¿no estabas enamorado de Helena?
-No lo sé, Bill...la mitad de las veces que me mira, creo que lo hace porque me parezco a tí. Ella planeaba que su cita fueras tú, ella iba a tomar tu mano justo cuando Anna se le adelantó. Ella es la indicada para tí, pero para mí...
-No quiso tener sexo contigo-advertí, esbozando una sonrisa de autosuficiencia.
-Ni siquiera se lo pedí.
-¿No tuviste el valor para hacerlo o qué?
-En mis ojos ella buscaba los tuyos, Bill...¿imaginas que se lo hubiera pedido y luego ella gritara tu nombre o algo así?
-Habría sido incómodo-concedí-hey, pero, ¿éso te hace pensar que no puedes enamorarte? ¿El hecho de que no le gustes a una chica?
-No lo entiendes...ella no es una chica, ella es "la" chica.
Lo miré, extrañado.
-¿No acabas de decirme que no era la indicada para tí?
-Sí, y es cierto, pero me decepcionó el hecho de que hasta le regalé un caro collar y no pude llevarla a la cama.
-Serás idiota, hermano...espera, ¿le regalaste un collar?
-Corrección, Bill: un caro collar. 24 kilates en la cadena de oro y un colgante de granate.
-¿Granate?
-Sí, granate...-se jactó Tom, riendo por lo bajo. Su estado sentimental había pasado de la depresión a la burla considerablemente y con una velocidad alarmante hasta para una persona con trastorno bipolar.
-¿¡Usaste mis ideas sobre joyas con Helena!?-me sobresalté.
-Sí...algo así. Tú no especificaste nada sobre que el collar debía ser comprado en Tiffani's, así que prácticamente mejoré lo que dijiste.
-¿Cómo te atreves a hacer algo así, Tom?
-Vamos, Bill, no hagas un drama. Fue un regalo cualquiera a una chica cualquiera. Debemos hacer un puente y superarlo. ¿Quieres venir a una fiesta después del ensayo? Phantasia incluída.
-¿Qué es eso?
-El mejor grupo de vedettes de todo el mundo. Lástima que no hagan giras, hasta podríamos llevarlas con nosotros...
-Ja, ja, qué risa, Tom...-un sonido me apartó de las predicciones que hacía acerca del ambiente de la fiesta-es tu móvil, ¿no contestarás?
Tom negó con la cabeza y salió de la habitación.
Por un instante, recordé esa vez en la que me había puesto a la tarea de fiscalizar las llamadas entrantes para Tom. Su agenda telefónica abarcaba la gran cantidad de 1558 personas, entre ellas "rubia guapa", "morena de fuego", "no contestar" y "desesperada". Una agenda bastante peculiar...
Al culminar el fatídico ensayo (en el cual Jumbie, mi avión escala a control remoto, se vio atrapado de nuevo en el techo y ésta vez no pude recuperarlo) me dejé guiar por mi hermano gemelo hacia un club de élite en Berlín. Era uno de ésos sitios para caballeros donde se debía vestir en esmoquin pero no era necesario tener tantos modales como cuando te encuentras con una chica. Los sitios que a Tom le gustaba frecuentar, y a los que me arrastraba en nuestras salidas de gemelos.
-Ven, nuestros lugares están por allá-me indicó Tom, señalando la sección más cercana al escenario, cordonada por una cinta en la que ponía "VIP".
-¿Compraste boletos o algo así?
-No, ¿cómo crees? Me los han regalado.
-¿Quién?
-¿Recuerdas a "desesperada", de mi agenda telefónica?-asentí. Había sido muy gracioso como para poder olvidarla-resulta que se mudó a Hamburgo. Yo no lo sabía, me enteré la noche pasada cuando la llamé y me lo contó.
-¿Y estabas tan desesperado como para llamarla?
-Era muy tarde y ninguna acudiría a encontrarme en una nueva dirección que bien podría ser falsa.
-No se confían de tí, ¿eh? Y sin embargo cada vez que te ven tienen sexo contigo.
-Así son las cosas, Bill. En fin, me acosté con ella anoche y luego le comenté que me gustaría venir a uno de éstos sitios. Le dije que no tenía dinero por ahora y que pensaba traerte para tu cumpleaños y me ha comprado los boletos al amanecer, ¿puedes creerlo? No bromeaba con lo de desesperada. ¡Creo que es bisexual! Cuando me recomendó este sitio, cito literalmente, dijo que era el lugar donde había encontrado un montón de chicas hermosas, y hasta me confesó que había entrado aquí a hurtadillas vestida como un hombre para volver a ver a las vedettes-rió Tom, sentándose en nuestros asientos privilegiados...y de seguro, envidiados por el resto de la concurrencia.
Al instante, aparecieron ocho chicas, todas usando ropa interior de pedrería, con faldas largas confeccionadas en tul o algún tejido parecido, pies descalzos y cinturones y tobilleras forrados en cascabeles. Los rostros se mantenían ocultos, pues cada una portaba un antifaz y el resto de la cara estaba cubierta por un trozo de tela hecho del mismo tejido que la falda.
-Mira, ahora debo advertirte, como estamos sentados aquí, debemos simpatizar con ellas-dijo Tom, que casi babeaba al ver como una chica rubia movía las caderas provocativamente al ritmo de la danza árabe-algo como "éstas que ardes esta noche" o...
-¿Puedo decir algo menos grotesco?
-Mientras no digas "dulzura", "corazón", "mi amor" o "honey" todo estará bien.
-¿Qué pasa si digo algo como eso?
-Se enojarán. Y aunque no te lo harán saber, la pagarás caro, porque no se te acercarán en el resto de la noche.
-Tienes mucha experiencia-reí-¿crees que...?
La pregunta murió en mis labios. Una preciosa morena se acercaba peligrosamente hacia mí, danzando con elegancia y misterio, diferente a las demás. Al llegar frente a mí, ejecutó un shimmy, al tiempo que una pelirroja se acercaba a mi hermano. En otras condiciones, habría girado mi cuello para ver la reacción de mi gemelo, pero la mirada de la chica me había cautivado. ¡Había algo tan familiar y a la vez exótico en ella!
Dirigí mi mirada hacia el resto de su cuerpo. En la parte izquierda de su cadera lucía el tatuaje de un ave. Era hermosa, un ave azul rey que parecía sonreír. Tenía las alas abiertas, de modo que lo que supuse eran llamas color carmín no lograban alcanzarlas. Aunque sólo pude ver la parte superior del tatuaje, adiviné que debajo refulgían más llamas, tal vez rodeando sus patas.
Devolví la mirada a su rostro. Ambos compartíamos una sonrisa de complicidad en los labios.
Paró de bailar. Todo se detuvo para mí. Me fijé en la parte del rostro que se trasparentaba debajo del velo y los orbes que relucían en los agujeros del antifaz.
¡Era Helena!
Como si me leyera la mente y supiera que pensaba en alguien más, la chica se alejó de mí y comenzó a coquetear con un hombre que a pesar de llevar esmoquin, al igual que Tom y yo, se veía como estudiante de secundaria, y sonreía embobado al ver a mi chica dándole la espalda al tiempo que movía ágilmente las caderas, haciendo tintinear los cascabeles...
Momento, ¿mi chica?
¡Pero si era una desconocida!
¿Podría ser que me enamoré...de una vedette?
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