lunes, 26 de julio de 2010

Capítulo 5: Comprensión.

Anna y yo subimos a la terraza del hotel. Ella parecía emocionada, yo sólo lo había hecho por complacer a Helena. Al no tomar mi mano en un primer momento, y al rechazar la oportunidad de sentarse frente a mí, me di cuenta de que ella no esperaba que yo fuera su pareja en ésta doble cita...y Tom, ni corto ni perezoso, aprovechó la situación.

-Es una linda noche-comentó Anna, en cuanto nos hallamos en la azotea-¿tu hermano y tú...?

-¿Sí?-pregunté, al notar que su voz se iba apagando hasta desaparecer como un susurro.

-Te preguntaba si tu hermano y tú son muy unidos.

-Por supuesto-respondí automáticamente-somos gemelos. Así es como debe ser.

-Pero...¿se aman tanto porque deben hacerlo o porque los sentimientos se han dado naturalmente?

Lo pensé por un instante. ¡Pero si no había nada que pensar! Yo amaba a Tom, y Tom me amaba a mí...eso es todo lo que necesitábamos saber acerca de nuestra hermandad.

-Lo amo, su sangre corre por mis venas...nunca habrá para mí alguien como Tom. Nunca.

-Eso que dices es muy lindo, Bill.

-Supongo que sientes lo mismo por Helena.

-Así es. Lena lo es todo para mí. Ella es todo lo que me queda y yo soy todo lo que le queda. Somos...¿cómo explicarlo...? ¿Como almas gemelas? Bueno, algo así. Por eso nos llamamos gemelas dicigóticas. No nos parecemos físicamente, pero...ya sabes, éstas cosas no van por lo físico. Ella es genial, y nos hemos apoyado la una a la otra en las malas y hemos disfrutado juntas las buenas.

Entonces, se me ocurrió una idea estupenda. ¡Anna era la única persona que conocía a la perfección a Helena! Podría preguntarle acerca del pasado de su hermana y ella no descubriría nada oscuro en mis intenciones.

-¿Sabes algo acerca del pasado de Helena?-pregunté, con mi rostro más inocente, al tiempo que sacaba una caja de cigarrillos de mi chaqueta y le ofrecía uno.

-Lo sé todo, excepto lo que sucedió en el internado inglés.

-¿Internado inglés?

-Sí, Lena fue a un internado luego de que sus padres se separaron por...bueno, eso no puedo contártelo-se detuvo, mientras sacaba un cigarrillo de mi caja. Le extendí el encendedor, y tras varias caladas, prosiguió-sufrí mucho cuando no pude verla. Es mi hermana, aún hoy no sé como sobrevivimos tanto tiempo alejadas...yo nunca había estado más de un día sin Lena, y sin embargo, tuve que pasar nueve años sin ella.

-De seguro también le dolieron a ella.

-No lo sé...consiguió muchos amigos muy pronto. De hecho, había un chico llamado Klaus...

-¿Klaus?

-Sí...un chico alemán que de alguna forma fue a parar al mismo internado que Lena. Lo mencionaba mucho en los mails que me enviaba. Creo que era su mejor amigo.

Hubo un momento de silencio, que Anna rompió.

-Bill...sé sincero conmigo, ¿te gusta Lena?

¿Llegué a ser tan obvio?

-No lo sé. Lo lamento, pero tampoco sé si me gustas tú. Con el tiempo, he llegado a cerrarme respecto a las relaciones y todo eso...no es como si pudiera...ya sabes...ignorar mis sentimientos, pero...ahora pienso mucho más en las consecuencias que podrían traerme relaciones que antes veía inofensivas.

-¿Y qué te hizo llegar a ser tan frío?

Las potenciales relaciones con fans...pero éso no se lo diría a ella.

-Muchos...engaños amorosos, ya sabes como son...

-Claro que lo sé. Mi ex novio más reciente, Franz...es un idiota. El otro día, nos siguió a mí a Lena después de...

La miré. De nuevo, su voz se había extinguido, y me pregunté si no guardaría algún secreto.

-¿Después?

-Después de...salir del trabajo...fue a buscarme, y Lena lo enfrentó por mí, porque intentó golpearme y...fue horrible.

Sentí que Anna comenzaría a llorar en cualquier momento, pero en vez de eso, rió.

-¿Puedes creerlo? Yo no. No logro entender cómo no escuché a Lena desde un principio. Comencé a salir con él cuando iba a la Universidad en España, aunque Lena me advirtió que no lo hiciera, y lo dejé sin muchas explicaciones cuando viajamos acá, pero no contaba con que él tenía familia aquí, en Berlín. Supuse que al venir a Alemania no volvería a encontrarme con él. Bueno...supongo que si las cosas nos salen bien en nuestro próximo viaje, no tendré que verlo de nuevo.

-¿Viajarán? ¿A dónde?

-Aún no lo sabemos. Lena me dejó decidir. Es un viaje por nuestros 18, así que debe ser un país en el que seamos mayores de edad.

-Aquí lo serán.

-Pero...no lo entenderías, Bill. Si Lena, lo explicara, tal vez...yo tampoco lo entendí en el primer instante, pero luego...Lena hace que todo se vea fácil, hermoso y lujoso. Podría convertir un trozo de coralina en granate. Es una de sus gemas favoritas.

¿Granate? Había hablado del granate ésa mañana con Tom, para romper un incómodo silencio que vino luego de nuestras declaraciones sentimentales. El granate era la piedra preciosa que simbolizaban el amor y la constancia. Al ver el repentino interés de Tom luego de que le contara aquello, comencé a nombrar otras piedras y sus valores, para así auyentar al fantasma de rencor que se había instalado durante unos segundos entre nosotros. Tom bromeó acerca de que cualquier chica se acostaría conmigo si le regalaba una de ésas joyas y, cuando creyó que yo no prestaba atención, susurró que tal vez él debería intentar eso. Más tarde, cuando salíamos del hotel en compañía de Georg y Gustav, los demás miembros de nuestra banda, bajista y baterista respectivamente, me explicó una de sus extrañas ideas. Ya que ambos gustábamos de Helena, él insistió en que lo justo sería acelerar un poco mi proceso de declaración, puesto que era muy lento en ésos asuntos. Al preguntarle cuál era su plan, me sugirió una pequeña apuesta. Quien obtuviera un "te amo" de sus labios primero, se quedaría con ella.

Todo el asunto me parecía extremadamente machista y estúpido, pero me sentía tan mal en aquél instante que acepté. Además, me lo proponía Tom. Él nunca me daría algo malo. Excepto cuando me propuso fumar...y drogas en una fiesta...y viagra...pero claro, siempre podía negarme...

-Bill, ¿estás bien?

-Sí...claro...

-Entonces, ¿estás de acuerdo conmigo?

-Sí...por supuesto, lo que dices está genial.

-Qué bien. Me parece excelente.

-¿Podrías...decirme por qué piensas eso? Es decir, ¿por qué piensas aquello en lo que te apoyo. Yo tengo mis motivos pero quiero saber los tuyos.

-Oh, Bill...es obvio que a Helena le gustas, pero ella es tan lenta en éstas cosas...

-Y...¿por qué me estás diciendo todo ésto? ¿No crees que sería mejor hablar con ella directamente?

-Ahora mismo no creo que eso sea posible. Sucedió algo entre nosotras y...bueno...creo que nunca volveremos a ser completamente como éramos antes.

-¿Algo se rompió?

Lo entendía: era exactamente lo que sentía ahora mismo acerca de mi relación con Tom.

-Escucha, Anna...necesito tu ayuda en algo.

-Claro, lo que quieras, Bill.

Le expliqué mi plan. Era corto, conciso, práctico...y contenía todo lo necesario para obtener ese "te amo".









Anna y yo regresamos a nuestro departamento en cuanto ella y Bill bajaron al jardín. Tardaron mucho, así que Tom y yo (más bien yo) nos vimos obligados a mantener una conversación vana acerca de Audi y la trayectoria de Aerosmith.

-¿Qué tal ha estado?-le pregunté a Anna, introduciendo mi llave para poner en funcionamiento el ascensor. Normalmente tomábamos las escaleras para no engordar, pero ambas llevábamos tacones aguja en aquella ocasión.

-¿Qué?

-Ya sabes...Bill...tú...solos en la terraza...

-Ah, no ha estado mal. Es un gran chico...

-Lo sé.

-...para tí, Lena, no para mí.

La miré. ¿Realmente había escuchado aquello?

-¿Qué dices?-pregunté abriendo mucho los ojos.

-Dije que Bill era un gran chico, pero es tu chico.

-¿Qué te hace pensar eso?

-No paraba de hablar de tí, Lena.

-Eso puede ser cierto, Anna.

-Lo es. Incluso quiere que yo...

Anna se detuvo en cuanto llegamos a la puerta de nuestro departamento. Sacó sus llaves y me indicó que entrara primero.

-¿Qué ibas a decirme?-pregunté, quitándome los tacones y lanzándome al sofá de tres plazas.

-Na...nada. ¿Cómo has estado con...Tom?-titubeó Anna, entrando a su habitación sin cerrar la puerta, una clara señal de que quería que la siguiera.

-Hablamos...nada especial, sólo autos y bandas de rock...

-No llevabas ese collar al salir de aquí.

Lo había olvidado. Mentalmente, me reprimí por obviar ese "insignificante" detalle a mi parecer. ¡Yo no sentía nada más que un sentido de amistad hacia Tom! Pero eso no evitaba que me sintiera culpable por olvidar que me había regalado algo.

-Ah...si...-me quité el collar, acariciando el granate con mis dedos-es hermoso. Pero hay algo que no entiendo...¿cómo supo que el granate era una de mis gemas favoritas?

-No lo sé. ¡Hey! Bill me estaba hablando acerca de las gemas y sus significados. Pensaba regalarte una cuan...regalarle una a alguien, yo no...no sé a quien...planeaba...ya sabes...regalársela.

¿Acaso escuché...? No, eso era imposible. Anna me lo diría de inmediato.

-¿Entonces ambos están interesados en las piedras preciosas? Eso es extraño.

-Sí...pero...¿qué tal si...?

Miré a Anna, se había detenido, y adiviné que por su mente circundaban ahora mismo miles de cavilaciones.

-Bill me habló de las gemas, y Tom te regaló un granate. ¿A quién se le habrá ocurrido primero la idea?

-¿De qué hablas, Anna?-pregunté, confundida.

-Alguno tuvo que interesarse en el tema primero y...no preguntes como, pero estoy casi completamente segura de que Bill fue el primero.

-¿Dices que Tom tomó la idea de su hermano y la usó conmigo?

-Algo así.

-¿Por qué haría eso?

-¿No te has fijado en cómo te mira?-me reclamó Anna, lanzando sus zapatos dentro del armario.

Por supuesto que me había fijado, pero era algo que yo no lograría admitir. Yo sólo quería a Bill, pero él le gustaba a mi gemela; y el hecho de que yo le...gustara...a...a Tom...sólo empeoraba las cosas. ¿¡Por qué Tom y Anna no se enamoraban y ya!?

-Le gustas, Lena.

Entré a mi habitación, cerrando la puerta tras de mí. Anna entendió el mensaje y no me siguió.

Esa había sido, sin duda alguna, la cita más original que había tenido, pero...¿era posible que mi gemela fuera tan comprensiva acerca de mis sentimientos como para sacrificar su propia felicidad a costa de la mía?

martes, 20 de julio de 2010

Capítulo 4: Una primera cita muy especial.

   Luego de hacer mis deberes de la Universidad, me vestí para la cita doble que tendríamos Anna y yo con Bill y Tom. Supuse que las cosas estarían algo complicadas ahora que a mi gemela le gustaba Bill, pero la desesperación me invadió al imaginar una penosa situación: ¿y si Tom flirteaba con Anna y ella no paraba de mirar a Bill?

   En cuanto me coloqué un precioso vestido de color rojo, la mitad de mis preocupaciones desaparecieron. Anna no podría ignorar a Tom. Es decir, ¿quién en su sano juicio podría ignorarlo? Especialmente mi depravada hermana no sería capaz. Di unos últimos toques de delineador negro a mis ojos, me coloqué los tacones rojos y me miré al espejo. No había nada de mi que me disgustara, así que supuse que debía estar hermosa a los ojos de cualquiera.

   Salí de la habitación y, al dar un par de pasos en la sala, me tropecé con algo, cayendo al piso sobre mi rodilla izquierda.

   -¡Anna!-grité enojada, sin siquiera levantarme del piso.

   La aludida salió de su habitación con rapidez. Al verla, lo primero que noté fue que llevaba una versión en negro de mi vestido y tacones...pero a su 1.73 de estatura le lucían mucho mejor que a mis escasos 1.65. Ambas habíamos hecho modelaje, pero era muy fácil adivinar quién había permanecido en las pasarelas durante más tiempo.

   -¿Qué te sucedió?-me preguntó Anna, extendiéndome la mano para levantarme del piso.

   -Como es obvio, vine a acostarme aquí y se me ocurrió llamarte para que hicieras lo mismo. ¿¡Qué crees que hago!? ¡Me he caído por esa cosa que dejaste en el piso!

   -Ten.

   Me entregó el objeto con el que me tropecé: un pequeño paquete blanco cuyo contenido se me hizo conocido de inmediato.

   -Lo siento, Anna, yo...

   -No, Lena. Se rompió por mi culpa, ¿recuerdas? Bueno, desearía que no lo recordaras...en todo caso...es nuevo...hoy al salir del restaurant pasé por la tienda donde lo compraste y...era el último que quedaba, así que espero que no vuelvas a romperlo, ¿eh?

   Reí. Mi gemela...no podía estar enojada con mi gemela.

   Al ponerme en pie, noté un fuerte dolor en la rodilla lastimada, pero no le di importancia.

   Salimos en silencio del edificio y caminamos las dos cuadras que nos separaban de los gemelos con rapidez.

   Al llegar, Bill y Tom se acercaron a la entrada del hotel y nos extendieron las manos en señal de bienvenida.

   Bueno...más bien me extendieron las manos. Tardé un poco en decidir a quién se la tomaba. Quería aceptar a Bill, pero Anna se me adelantó y Tom aún esperaba, así que tomé su mano.

   -Te ves hermosa-me susurró Tom. Sonreí. Sorprendentemente, mi sonrisa era sincera, aunque el cumplido no provenía de quien yo esperaba.

   -Gracias-susurré-tú también te ves...

   Era el momento de soltar un cumplido fresco, muy glam y con clase, nada desesperado...

   -...hermoso.

   Me detuve. ¿Hermoso? ¿Ése era mi cumplido fresco, glam, con clase y nada desesperado?

   Tom sonrió. No era una sonrisa de burla, sino una más bien tierna.

   Nos sentamos en una mesa cercana a la ventana. Tom me indicó la silla frente a la suya al tiempo que Bill hacía lo mismo con Anna. Por un momento se miraron, indecisos de a quién correspondería realmente esa silla. Anna dirigió su mirada hacia mí. Le sonreí y me senté.

   -Gracias-me susurró Anna, tomando mi mano debajo de la mesa. Esbocé otra sonrisa y centré mi atención en el mesero que caminaba hacia nosotros.

   Abrí el menú que me ofreció y lo ojeé con rapidez. Todos los platos que ofrecían eran japoneses. ¡Genial!

   Entonces, recordé a Anna. Ella odiaba la comida japonesa, no sorpotaba siquiera verme comiéndola. La miré y le guiñé un ojo.

   -Quiero norimaki y para ella...el ramen estará bien-ordené, dando una última ojeada al menú.

   -Yo quiero miso-dijo Bill, cerrando el menú y devolviéndoselo al encargado.

   -Yo pediré sushi california-dijo Tom, dejando el menú sobre la mesa-también una botella de Don Perignon y un servicio de té helado.

   -Entendido-culminó el mesero, recogiendo los menús y regresando a la cocina.

   -¿Les gusta la cultura japonesa?-pregunté.

   -Me gusta lo asiático...-comenzó Tom.

   -Y las asiáticas-culminó Bill, riendo-no me gusta demasiado la comida japonesa, porque soy vegetariano, pero algunos platos como el miso...

   -Es sopa de habas, así que es un delicioso plato vegetariano-dije, sonriendo-¿también eres vegetariano, Tom?

-Algunas veces...ya sabes, cuando salgo con Bill debo serlo; pero como ésta es una noche realmente especial...Bill me permitió comer carne-¿ustedes lo son?

-Lena sí, yo no-dijo Anna, a quien noté algo incómoda.

Supuse que ahora que sería libre para ir con Bill, estaría feliz, pero...la vi muy triste y, a pesar de que no lloraba, yo podía escuchar sus sollozos mentales.

La comida llegó y nos dispusimos a comer. Anna tenía problemas para separar sus hashi (palillos), así que dejó un extremo de ellos sin separar. Tardamos un poco en reanudar la conversación, pero por...¿suerte, tal vez? Bill derramó un poco de su miso en su camisa blanca.

-Ten-Anna y yo le extendimos un par de servilletas de tela a la vez. Sin dudar un instante, Bill las tomó las dos y comenzó a limpiarse.

-Y...Helena, ¿en qué trabajas?

-Oh, somos...-comenzó Anna, pero la interrumpí de inmediato.

-Soy estudiante universitaria, pero tengo un empleo de medio tiempo en un restaurant de comida japonesa.

¡Anna casi mete la pata!

-¡Guay! ¿Tienen que usar ropa japonesa o algo así?

-¡Sí!-dije, emocionada-debemos estar descalsas y usar kimonos mientras entregamos los platos.

-¿No piden las órdenes?-preguntó Bill.

-No, las órdenes las piden los chicos-explicó Anna.

-¿Y ellos también deben usar kimono?-preguntó Tom.

Anna y yo asentimos con las cabezas.

-¿Y ustedes qué hacen?-preguntó mi hermana, limpiándose los labios con una servilleta luego de engullir una generosa cantidad de fideos.

-Somos...-comenzó Bill, pero Tom lo interrumpió:

-Somos empresarios.

Anna me lanzó una mirada de "¡te lo dije!" pero no le presté atención.

-¡Genial! ¿Qué empresa?-dijimos Anna y yo a la vez. Ahora, tanto Bill como Tom se estremecían.

-Cherry Three Records-continuó Tom.

-¿Son músicos?-pregunté.

-¡No!-gritó Bill. Varias personas en el restaurant voltearon a mirarlo. Tras bajar una octava a su tono de voz, prosiguió-no...estamos...estamos tras la cabina...ya saben...somos...

-Productores. Y...trabajamos el marketing y todos esos...asuntos...ustedes saben...-lo ayudó Tom.

-No, no sabemos-dijo Anna, riendo.

-Sabemos algo más de la industria del modelaje-aporté, antes de introducir el último roll de norimaki en mi boca.

-¿En serio? ¿Eres modelo?-me preguntó Tom.

Negué con la cabeza, al tiempo que acercaba mi copa de champaña.

-Lo fui.

-Eso es genial.

-¿Cuánto mides?-me preguntó Bill.

-No querrás saberlo, no tengo la altura de una modelo común, pero mi peso estaba dentro de los estándares y me fue fácil en...Anna también fue modelo. De hecho, lo hizo durante más tiempo que yo. Como notan, ella sí tiene la altura necesaria-agregué, al notar que la conversación versaba sólo sobre mí.

-Cool-dijo Bill, sonriendo-¿hicieron portadas de revistas o algo así?

-Lena sí, pero yo me dediqué a la pasarela. No soy nada fotogénica-dijo Anna, riendo.

Ambos gemelos me miraron, como si estudiaran cada centímetro de mi rostro.

Al culminar la cena, salimos a dar una vuelta al jardín del hotel.

En cuanto pisé el césped, mi rodilla izquierda falló, pero Bill estaba tan cerca que me sujetó por la cadera y me devolvió a mi posición original con tanta rapidez que ni Tom ni Anna se percataron del que podía haber sido un accidente.

Nos acercamos a un banco escondido tras los rosales, y cuando estábamos por tomar asiento, Anna tomó a Bill de la mano.

-¿Podemos ir a la terraza del hotel?-le preguntó. Sus ojos brillaban como nunca antes los vi brillar. Tal vez así llegarían a brillar alguna vez los míos cuando me enamorara de alguien que me correspondiera...no como Bill, que amaba a mi hermana.

-Eh...claro...¿vienen?-nos preguntó Bill.

Negué con la cabeza, tras una mirada muy significativa de Anna.

-Nos quedaremos aquí-dijo Tom.

Una vez que Anna y Bill abandonaron el jardín, nos sentamos en el banco.

-Es una linda noche-dije, mirando la luna llena que nos alumbraba, puesto que los rosales tras nosotros eclipsaban las luces provenientes del hotel.

-Tengo algo para tí-dijo Tom. Pronunció las palabras a una velocidad tan alta que tuve que agudizar mis oídos y mi mente para comprenderlo todo.

Sacó del bolsillo interior de su saco una pequeña caja forrada en terciopelo azul, como ésas que te dan en las grandes joyerías cuando compras un brazalete de Carolina Herrera o un anillo Vivianne Westwood. Me la entregó, y la abrí con cuidado.

-Es precioso, Tom...gracias-dije sonriendo, al tiempo que sacaba un collar de oro con un colgante de granate.

-¿Puedo colocártelo?

-Por favor.

Me senté de espaldas a él y aparté el cabello de mi cuello. Esperé sentir la frialdad del oro, pero en vez de eso, sentí sus labios, que me besaban con suavidad, casi adoración. Cerré los ojos, y un momento más tarde, el collar ya estaba colocado.

Toqué el granate una vez más antes de darme vuelta y encontrarme con el rostro de Tom muy cerca del mío.

-¿Sabes qué significa el granate?

Negué con la cabeza, aunque sí conocía su significado. Ahora mismo, no era capaz de creer todo lo que estaba sucediendo.

-Amor y constancia.

-Y...¿por qué decidiste regalarme un granate?-pregunté, sintiendo una especie de calidez que surgía en mi vientre y llegaba hasta mi pecho.

-Porque voy a ser constante hasta que tú también me ames.

-No digas eso, Tom...-susurré, al borde de las lágrimas.

-¿Por qué?

Porque no quiero escucharte decir las palabras que deseo escuchar de Bill-pensé.

-¿Qué sucederá cuando te ame?

-Seré constante a tu lado, y te regalaré esmeraldas, zafiros y diamantes.

Al leer la incomprensión en mis ojos, explicó:

-Fidelidad, comprensión y amor eternos.

Suficiente.

Rompí a llorar.

¡Ésas no eran la clase de cosas que se debían decir en una primera cita! ¡Y menos cuando casi no conocías con quién te estabas metiendo!

   De inmediato, fui acogida en sus brazos, y mis lágrimas desaparecieron.
 
   Sentí como si todo lo que estaba sucediendo hubiera sido planeado por alguien más. Y es que no me parecía que Tom, con la imagen de chico duro que capté desde la primera vez que lo vi, hubiera planeado todo aquello.

    Tal vez yo estaba equivocada, y todo lo que creía de él era sólo una imagen.

   ¿Me había enamorado de Tom?

miércoles, 14 de julio de 2010

Capítulo 3: Cables cruzados.

Luego de una corta charla, Anna y yo volvimos a nuestro departamento. Yo permanecí callada durante el tiempo que tardamos en caminar las dos cuadras, pero Anna no podía parar de elogiar a Bill.

-¡Es hermoso! ¿Te has fijado en su piercing de la lengua?

-¿Le has visto la lengua?-me asombré.

-Se la vi cuando probó el trago...una gota corrió por sus labios y la limpió con su lengua.

-¡Anna!

-¿Qué?

-Escucha nada más que cosas dices...yo ni siquiera me había fijado en su lengua. Además, ¿por qué de repente te interesas tanto en Bill? Creí que Tom y tú habían tenido algo...

-No tuvimos nada. Es sólo que...me di cuenta de que tal vez ambas nos fijamos en los que no eran indicados. Es decir, te gustó Bill físicamente y a mí Tom físicamente, pero...al conocerlos...

-¿Te gusta Bill?

Nos detuvimos frente a la puerta de nuestro departamento. Anna se negó a mirarme, a pesar de que repetí la pregunta varias veces.

-Anna, ¿te gusta Bill?

Abrí la puerta y entré, cerrándola en su cara y lanzando mis llaves al suelo. El llavero de cristal de colores en forma de guitarra eléctrica se rompió en cien trozos...igual que mi corazón.

No esperé esa respuesta que nunca iba a llegar. Y es que, aunque llegara, no me gustaría escucharla.






Al día siguiente, Tom fue el encargado de la ardua tarea de despertarme. Tras varios gritos de su parte, un gruñido de respuesta, un vaso de agua y mi cabello empapado, desperté.

-Más vale que tengamos algo importante que hacer-me quejé, entrando al baño.

-Pues sí tenemos, Bill...David acaba de llamarme, haremos una entrevista para un diario argentino y luego tendremos el resto del día libre.

-Ya me lo suponía, mañana estaremos ocupados todo el día, ¿verdad? Ensayos otra vez...

-Y recuerda que en tres meses viajamos a Estados Unidos para grabar el nuevo cd.

-Sí, ya lo sé...oye, Tom...¿qué piensas acerca de Helena y Anna?-le pregunté, temeroso, saliendo del baño ya vestido y comenzando a maquillarme.

-Helena es genial.

-Sí, ya noté que ustedes son muy parecidos.

-Anna...Anna es más como tú.

-Sí...¿pero sabes? Aún así me ha caído mejor Helena.

-A mí también.

Nos miramos un instante. No faltó más: ya sabía lo que pasaba por su mente.

Tom se había enamorado de Helena, y no hubiera sido un problema...si yo no me hubiera enamorado de ella también.

Capítulo 2: Ella

Anna y yo volvíamos a nuestro departamento después de una larga presentación. En noches como esa, nuestro trabajo nocturno se volvía demasiado pesado.

Y, para empeorar el asunto, Franz nos había seguido. Fue novio de Anna durante seis meses, pero hace una semana que ella cortó con él. No sé que pretendía con colarse a nuestra presentación y luego seguirnos hasta nuestro departamento, pero pudimos acabar con él antes de que sucediera algo peor. Su "amor" o lo que sea que tenga por Anna es enfermizo.

Nos hallábamos resguardadas bajo el toldo de una farmacia 24 horas, a dos cuadras de nuestro departamento, cuando un chico muy guapo se nos acercó y nos ofreció un par de sombrillas.

Al principio, creí que era un ángel o un espejismo, pero esas cosas sólo podían suceder en las novelas. Él era de carne y hueso...y estaba allí, frente a nosotras, ofreciéndonos su habitación de hotel. Si ésa propuesta hubiera venido de cualquier otra persona, le habría valido un par de insultos de mi parte, pero...con él, era diferente. Yo sabía que él no era esa clase de chicos, aún cuando ni siquiera lo conocía.

Ya sé por qué lo llaman amor a primera vista.

En cuanto me fijé en sus orbes miel, supe que él era el indicado.

Luego de prepararnos chocolate caliente a Anna y a mí, Bill salió de la habitación. Allí, Anna estalló.

-¡No puedo creerlo! ¡Te has enamorado!

-Cállate, Anna.

-¡No lo haré! Ésto es...es...es simplemente maravilloso. Es decir, nunca te habías enamorado, así que no sabes realmente cómo compararlo con otros chicos, pero yo sí se como hacerlo y puedo asegurarte que éste será genial para tí.

-Gracias, pero no creo que intente nada con él.

-¿Por qué no?

-No lo sé, Anna...sería como si dos mundos chocaran.

-Es cierto que somos extranjeras y todo eso, pero en nuestra nueva vida somos ciudadanas alemanas, Lena.

-No lo entiendes, va más allá...más allá de nuestro idioma y esas tonterías culturales. Me refiero a nuestro trabajo.

-No había pensado en eso. Vaya, es cierto, mira este lugar-Anna se giró en todas direcciones para echar uuna ojeada completa a toda la sala de la habitación-nuestro departamento no está mal, pero nuestros trabajos...

-Y aún somos universitarias.

-Él debe ser un empresario o algo así...

-No parece un empresario.

La puerta se abrió de nuevo, dando paso a Bill y a un chico de trenzas. Al verlo, lo primero que noté fue su piercing en el labio y...que no paraba de mirar a mi gemela. Extrañamente, me resultaba conocido, y no tenía nada que ver con el hecho de que él y Bill fuera idénticos.

-Él es Tom, mi hermano gemelo-presentó Bill, dándole una palmada en el hombro a Tom, que nos saludó a Anna y a mí y se sentó a mi lado.

-Oye, Bill, ¿qué tienes en el minibar?-le preguntó a su hermano.

-Está repleto, no he tomado nada aún-respondió Bill, sentándose en una butaca frente a nosotros.

-Entonces hoy tomaremos algo-dictó Tom. Se levantó de sofá y comenzó a mezclar licores en una coctelera-trae las copas de martinis, Bill.

Aprovechando que Bill se levantó a buscar las copas, le susurré a Anna:

-¿Acaso lo hemos visto antes? Me parece conocido.

-Es que lo conocemos.

-¿Cómo dices?

-Ha estado varias noches en el club...nos ha visto bailar.

-Wow...en momentos como éste agradezco usar antifaz.

-No estaría nada mal contarles...

-Ni lo pienses, Anna.

-¡Las encontré!-anunció Bill, antes de salir de la cocina y dejar las copas sobre el minibar-chicas, ¿qué les parecería venir a cenar con nosotros mañana?

Anna me miró. Yo tenía el control sobre nuestras agendas, que siempre estaban demasiado cargadas como para darnos tiempo para una cita. Sin embargo, asentí.

-Nos encantaría-dijo Anna, mirando a Tom.

lunes, 12 de julio de 2010

Capítulo 1: Él.

Me acerqué a la ventana de la habitación. A través de la cortina de lluvia que empañaba mi visión y el cristal, divisé a un par de figuras de pie en la acera contraria a la que ocupaba el hotel donde me hospedaba. Lo recuerdo bien: era uno de ésos días lluviosos en los que las nubes eclipsan al sol y sus rayos por completo, creando una penumbra que cobijará gotas y gotas, que caen como lágrimas de un amante despechado, desde el cielo.
Me fijé en las figuras de la acera. Comenzaban a moverse. Una de ellas, una chica de baja estatura con un gran bolso colgado del brazo y el cabello recogido en una coleta; y la otra, una chica alta con el cabello tan largo que le llegaba hasta la cintura. No podían ser más diferentes entre sí.
En eso, otra figura hace acto de aparición, no muy lejos de allí. Era un hombre corpulento, tanto por los músculos que supuse que tenía como por la ancha chaqueta de piel que llevaba. Debía de ser su padre. O tal vez un amigo. A punto estaba de cerrar la ventana, correr las persianas y volver a dormir, cuando se escuchó un grito proveniente de las chicas. Me giré rápidamente, justo a tiempo de ver cómo la alta le propinaba una bofetada al corpulento y la otra atinaba a golpearlo en las costillas con el bolso gigante. Luego de esas magníficas maniobras de defensa personal, corrieron cruzando la calle. El hombre de la chaqueta de piel intentó levantarse del piso y darles alcance, pero varios autos pasaron en fila, sin ayudarlo a lograr su cometido. Vaya, las chicas habían tenido suerte.
Y ahora, tendrían aún más.
No hacía falta pensarlo mucho: mi madre siempre nos había insistido a mí y a mi hermano que debíamos ayudar al prójimo, entonces...¿por qué no empezar con éstas dos chicas? Si el cielo te da limones, haz limonada. Si el cielo te da a dos chicas, ve a por las chicas. No era un pensamiento muy acertado, pero pasar tantas horas en compañía de mi hermano me había embotado el cerebro.
-¡Oigan, chicas!-las saludé con la mano. Se hallaban a una cuadra de distancia de la puerta principal del hotel, así que me les acerqué, abriendo un paraguas y blandiendo un par en la otra mano-¿quieren pasar al hotel?-les pregunté, en cuanto las alcancé.
Una, la más alta, se notaba desconfiada.
-¿Quién eres?-preguntó, mirándome de arriba abajo.
De seguro no le parecía muy atractivo con el cabello alborotado y vistiendo un pijama.
La otra, en cambio, me dedicó una rápida sonrisa y reprendió a la alta: -¿Qué te importa quién es? ¡Lleva una sombrilla! Por mí podría ser Michael Jackson o Roberto, a mí me daría igual.
-De hecho, llevo tres-les ofrecí los otros dos paraguas, y cualquier duda que hubiera asaltado a la chica alta, la abandonó ante la perspectiva de recorrer el camino hasta el hotel sin mojarse.
-¿Quién eres?-preguntó una de ellas. Yo iba al frente, encabezando nuestra pequeña marcha, así que ni siquiera volteé cuando musité:
-Soy Bill.
-Bill...pues yo soy Helena y ella es Anna, mi gemela dicigótica.
-Un placer conocerte-dijeron a la vez.
Wow...no me esperaba eso. Supuse que al escuchar mi nombre intentarían ver mi rostro y gritarían "¡Eres Bill Kaulitz, el vocalista de Tokio Hotel!". Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación de que no me conocían anteriormente, de que podía ser yo mismo y me juzgarían por eso y no por algo que leyeran en un tabloide sensacionalista.
Al llegar al hotel, sugerí que subieran a mi habitación, secaran las chaquetas mojadas y tomaran algo caliente, pero a juzgar por los semblantes de ambas, debieron malinterpretarme. Intenté por todos los medios explicar que mis intenciones eran mansas, humildes y castas y, tras el veredicto de la gemela de menor estatura, decidieron subir. Supuse que en todo caso, si yo fuera un violador o algo así, podían acabar conmigo en un instante, como habían hecho con el grandulón de antes. -Bienvenidos a mi hogar durante...vaya, algún tiempo-reí, abriendo la puerta de mi habitación al tiempo que les indicaba que entraran primero-¿desean beber algo?
-¿Tienes vodka ruso?-preguntaron ambas, sonriendo.
El escucharlas hablar a la vez me asustó un poco. Tal vez así debíamos sonar Tom y yo cuando coincidíamos en una que otra frase.
-Creo que...no, no tengo vodka ruso-dije, dando una rápida ojeada al minibar-pero puedo prepararles chocolate caliente.
-Eso estaría bien-coincidieron de nuevo.
Algo conmocionado, me dirigí a la cocina. Aunque la llamaba "habitación", la verdad es que era como un departamento, ubicado en el penúltimo piso de aquél hotel. Saqué una botella de leche del frigorífico y la puse a calentar en una olla sobre la estufa.
Era ella, estoy seguro...
En cuanto entré en la habitación y me topé con sus orbes de obsidiana supe que era ella.
-¿Puedo colocar música?-preguntó una voz, desde la sala. No tenía ni idea de cuál de las dos preguntaba, pero no importaba demasiado.
-¡Claro!-contesté, sacando tres bolsitas de chocolate instantáneo de la alacena.
Enseguida, una melodía conocida invadió el ambiente de ésa habitación, que hasta ésa noche había sido una trastornada parada de amores frustrados.
-¡Oye, Lena, es la canción que sonaba en la radio y te ha dejado pringada!
-Es hermosa...-y añadió, en un susurro-tiene buen gusto.
-Gracias-contesté, volviendo a la sala.
La llamada Helena se sonrojó un poco, pero no pude admirar más su rostro porque me dio la espalda, sentándose en el sofá más grande y cerrando los ojos mientras tarareaba aquella melodía.
La llamada Anna se acercó a mí, sonriendo.
-¡Pero qué departamento tan lindo tienes! Lena tiene razón, tu gusto es excelente. Hasta tienes su música favorita.
-¿Ah, si? ¿Te gusta esa nueva banda de rock?
Helena abrió los ojos con lentitud y me miró, antes de responder con un susurro.
-Me encantan, a pesar de que es la primera canción que escucho de ellos. No pude olvidar esa voz, la reconocería de inmediato.
Y sin embargo, no la has reconocido en mí-pensé para mis adentros. Por supuesto, era algo que no pensaba confesar esa noche: todo iba muy bien, y era la primera conversación sincera que había mantenido con alguien que no formara parte de mi familia en mucho tiempo. Incluso a ellos tuve que mentirles varias veces, sobre mínimos detalles: mi vida amorosa, mi estado de ánimo...
-¿Qué tanto piensas?-me preguntó Anna, acercándose tanto a mí que su nariz y la mía estuvieron a dos centímetros de separación durante un peligroso segundo.
-No demasiado-respondí de inmediato, abandonando a Anna y tomando asiento al lado de su gemela.
Anna se sentó al otro lado de Helena, y comenzó a tararear la melodía mientras su hermana pasaba a tamborilear con los dedos sobre su rodilla cubierta por los tejanos. Ahora que podía apreciarlas bien, no me parecían gemelas de verdad.
Una era alta y rubia, otra era morena y bajita, una llevaba Jimmy Choo, la otra Converse, una llevaba un microshort, la otra llevaba tejanos, una exibía un escote en v, la otra usaba una camisa ajustada en la que leí "Vampire Love".
-¿Nos comparas?-preguntaron a la vez, inclinando sus cabezas sobre sus hombros derechos.
-No, es sólo que...
-¡Nos comparas!-gritaron riendo, y adoptando posiciones más relajadas.
-Sí, ya sé que no tenemos nada en común...-comenzó Anna.
-...pero somos las mejores amigas desde siempre, así que...-interrumpió Helena.
-...nos llamamos gemelas-concluyeron ambas.
Por un momento, pensé en Tom, que de seguro dormía placenteramente varias habitaciones o departamentos más allá. No podía privarlo de ésta maravillosa experiencia.
-Chicas, ¿me disculpan un momento? Enseguida vuelvo.
Ambas asintieron graciosamente con sus cabezas y salí presuroso de la habitación, en busca de mi hermano gemelo. Dos gemelos antagónicos para dos amigas antagónicas. Perfecto.