miércoles, 14 de julio de 2010

Capítulo 3: Cables cruzados.

Luego de una corta charla, Anna y yo volvimos a nuestro departamento. Yo permanecí callada durante el tiempo que tardamos en caminar las dos cuadras, pero Anna no podía parar de elogiar a Bill.

-¡Es hermoso! ¿Te has fijado en su piercing de la lengua?

-¿Le has visto la lengua?-me asombré.

-Se la vi cuando probó el trago...una gota corrió por sus labios y la limpió con su lengua.

-¡Anna!

-¿Qué?

-Escucha nada más que cosas dices...yo ni siquiera me había fijado en su lengua. Además, ¿por qué de repente te interesas tanto en Bill? Creí que Tom y tú habían tenido algo...

-No tuvimos nada. Es sólo que...me di cuenta de que tal vez ambas nos fijamos en los que no eran indicados. Es decir, te gustó Bill físicamente y a mí Tom físicamente, pero...al conocerlos...

-¿Te gusta Bill?

Nos detuvimos frente a la puerta de nuestro departamento. Anna se negó a mirarme, a pesar de que repetí la pregunta varias veces.

-Anna, ¿te gusta Bill?

Abrí la puerta y entré, cerrándola en su cara y lanzando mis llaves al suelo. El llavero de cristal de colores en forma de guitarra eléctrica se rompió en cien trozos...igual que mi corazón.

No esperé esa respuesta que nunca iba a llegar. Y es que, aunque llegara, no me gustaría escucharla.






Al día siguiente, Tom fue el encargado de la ardua tarea de despertarme. Tras varios gritos de su parte, un gruñido de respuesta, un vaso de agua y mi cabello empapado, desperté.

-Más vale que tengamos algo importante que hacer-me quejé, entrando al baño.

-Pues sí tenemos, Bill...David acaba de llamarme, haremos una entrevista para un diario argentino y luego tendremos el resto del día libre.

-Ya me lo suponía, mañana estaremos ocupados todo el día, ¿verdad? Ensayos otra vez...

-Y recuerda que en tres meses viajamos a Estados Unidos para grabar el nuevo cd.

-Sí, ya lo sé...oye, Tom...¿qué piensas acerca de Helena y Anna?-le pregunté, temeroso, saliendo del baño ya vestido y comenzando a maquillarme.

-Helena es genial.

-Sí, ya noté que ustedes son muy parecidos.

-Anna...Anna es más como tú.

-Sí...¿pero sabes? Aún así me ha caído mejor Helena.

-A mí también.

Nos miramos un instante. No faltó más: ya sabía lo que pasaba por su mente.

Tom se había enamorado de Helena, y no hubiera sido un problema...si yo no me hubiera enamorado de ella también.

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